Leer, ¿Para qué?

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jueves, noviembre 29, 2007

La corta vida de un trozo de chorizo

Todo estaba oscuro.Me asomé por primera y última vez a esa enorme boca. Cuando entré, vi toda la fila de amarillos dientes , y una lengua a la que daba miedo rozar. De repente, la lengua se empezó a mover, mezclando los otros alimentos conmigo, cosa que nunca me ha gustado. Los chorizos con los chorizos, y esos trocitos vulgares de manzana, con otros trocitos iguales. De repente, la lengua me empujó hacia la garganta, entonces vi un cartel que decía "Ahora usted se llama bolo alimenticio, hasta que llegue al estómago". Bajamos rápidamente todos los que formábamos ese "bolo" por el esófago, hasta llegar a otro simpático cartel que decía "usted se encuentra en el estómago". Entonces, allí, justo al entrar, nos vovieron a mezclar, pero esta vez con unas sustancias ácidas, llamadas enzimas, que son producidas por el páncreas. También nos trituraron. Al cabo de mucho rato, salimos. "Hígado" era el próximo cartel. Entramos. Entonces vi una maquinaria que producía y liberaba sustancias digestivas en el intestino delgado. También guardaba azúcares y los liberaba en la sangre, según las necesidades del organismo. Entonces... "Intestino delgado. Cojan aire. ¡Dura más de 5 metros!". En él seve que se produce la mayor parte del proceso de la digestión y de la absorción de los alimentos, éste desemboca en el intestino grueso, un tubo de 1,5 metros de longitud, situado en el abdomen; entonces se ve que, a ese señor tan grande, no le gustaba y, de repente...¡Puff!, Me dijo que yo era un material sobrante. Entonces me impulsó y fui excretado. ¿Creéis eso normal? "No nos sirve" fue el último cartel que pude leer.
Núria Morales 1º A

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El ahorcado