Leer, ¿Para qué?

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jueves, noviembre 29, 2007

¿Qué viaje? ¿Vi el interior del cuerpo humano?

Os explicaré una cosa que me sucedió. Yo soy una niñita muy diminuta que no conozco demasiado mundo para aventurarme a hacer lo que hice. Mirad:
Un día de invierno, aburrida en casa de mi abuela, sin saber qué hacer, me ocurrió una cosa inexplicable, de repente, me caí en un espacio muy caliente y húmedo, era como la boca de mi perro, y rápidamente, no sé por dónde subí, que me dirigí a un lugar esponjoso y lleno de hilos de todas formas y tamaños. ¿Será el cerebro? Dentro de éste, existía todo un mundo maravilloso. Era un lugar dode ser repetían vivencias y recuerdos, como si mi abuelita me estuviera explicando un cuento larguísimo, también precioso. Yo querñia continuar allí pero una fuerza me dirigía hacia abajo, contra mi voluntad. Fue fabuloso, me deslicé por un tobogán carnoso y muy pendiente hata llegar a unas bolsas, creo que dos iguales, donde había un montón de hilitos, muy parecidos a los que había visto en la parte de arriba. Al tocarlos sentía como un cosquilleo, en su interior debían viajar...
Con la boca abierta me dirigí a otro mundo, el más bonito y nunca visto en el mundo entero. Era pequeñito, de color rojizo. Con timidez, llegué a su lado y con precaución puse el oído en él. Sentía un ruido constante y eficaz. Era como: Tumtum, tumtum, tumtum. ¿Qué ocurría allí dentro? Parecía la máquina de control y me fijé en que lo que circulaba dentro de los hilos salía y regresaba; también noté que, en su fondo, muy lejos, se expresaban los sentimientos y emociones. El amor, ternura, amistad, compañía, timidez, respeto, solidaridad, fraternidad, maldad, venganza, odio, ayuda, libertad, felicidad,...
Después me llevaron a un saco, o algo parecido. Dentro de él había como pasta deshecha y triturada. De este lugar me quise marchar rápido, no me gustaba, daba asco. Siguiendo el camino, entré en una especie de tubo, estrecho y extenso. En su pared había agujeros donde puse la mano, pero nada salió de allí. Por fin llegué a otro tubo, pero mucho más amplio y cortito. Lo que no me gustó del viaje fue que, al llegar, me caí a otro tubito muy estrecho que no tenía salida y tuve que salir de allí sola, con la poca fuerza que tengo. El trayecto continuaba y llegué a orificio final donde tuve que esperar un rato, la verdad es que no sé porqué. Al llegar la hora, salté y me encontré de frente a mi abuelita.
-"¿Dónde estabas, tremenda?"- me preguntó.
-"No lo sé, abuelita. No sé cómo he aterrizado en un mundo que todavía no había visto, pero es precioso."- le respondí.
-"Mira, pequeña, no sueñes tanto y ayúdame en lo que te pido"-me contestó.
-"¡No te estoy mintiendo, ya sabes que no soy mala!"- yo le repliqué
-"Da igual, pasa al comedor, que la cena ya está lista"- me ordenó.
La abuela no supo adivinar dónde había estado, no se creyó mis explicaciones, nada de lo que vi con mis propios ojos ni de lo que os he contado.
Y aún me pregunto: ¿Dónde fui a parar? ¿Qué es lo que vi? ¿Quizá viajé al interior del cuerpo humano?

Elisabeth Benería

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