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jueves, mayo 01, 2008

Los dos amigos

Había una vez dos amigos, Luis y Juan, que iban a la misma clase en el instituto, jugaban a baloncesto en el mismo equipo, compartían las mismas aficiones, eran vecinos de la misma calle; desde que eran pequeños, siempre hacían apuestas con cualquier excusa. Los hechos ocurrieron hace 3 años, cuando los dos tenían 13 primaveras: Luis apostó 5 euros a que el primero que llegara a la estación de trenes corriendo se llevaría los 5 euros y el segundo se quedaría sin nada, además de saberlo los otros compañeros del instituto. A Juan no le hizo demasiada gracia la idea, pero no podía negarse porque estaba en juego su orgullo personal, tan común en los jóvenes.

Luis pensaba que sería fácil, que llegaría el primero porque era más rápido y creía que Juan se cansaría enseguida, porque era más perezoso.

Empezó la carrera y Juan le dio ventaja porque no era ambicioso, sólo quería participar; Luis se empleó a fondo, mirando atrás continuamente para controlar a Juan hasta que llegó un momento en que lo perdió de vista. Ya se puso nervioso pensando por dónde andaría Juan, si ya estaba cerca de la estación, en qué punto se encontraría y eso le hizo reducir la velocidad. Iban pasando los minutos y el trayecto iba disminuyendo, Juan seguía sin verse hasta que Luis llegó a la estación y encontró a Juan sentado tranquilamente en un banco situado frente a ella. La sorpresa que se llevó Luis fue enorme y no se explicaba cómo había podido ocurrir, no lo entendía y creyó que Juan había hecho trampas, se enfadó muchísimo, le dijo que ya no serían más amigos, que un hombre como él no podía perder nunca frente a un hombre como Juan... Cuando Luis terminó de ensañase con Juan oralmente, éste le explicó con mucha paciencia que había cogido un atajo que sólo él conocía y por eso había llegado primero, también le dijo que los 5 euros no los quería para nada, que sólo lo había hecho para darle una lección de humildad, que no lo diría a ninguno de sus compañeros del instituto. A cambio le pidió a Luis que no siguiera haciendo apuestas de ningún tipo porque no llevan a nada bueno y sólo traen problemas y “malos rollos”. Luis no supo qué contestar, se quedó callado, escuchando a Juan y finalmente se dieron un abrazo.

Moraleja: Es mejor ir por la vida con humildad, sencillez y astucia porque se consiguen mejores valores personales que si sólo poseemos orgullo, soberbia y menosprecio. Hemos de creer en las demás personas y no pensar que somos los mejores en nada: a Luis le traicionó su amor propio y altanería; en cambió, Juan le demostró que con respeto y sencillez se obtienen mejores resultados.

Laura Ter 1º E.S.O. 2007-2008

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