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sábado, febrero 13, 2010

La verdadera historia de caperucita (contada por el lobo)

Había una vez... así empiezan los típicos cuentos de niños, pero no, esta vez la historia no empieza así. Habéis vivido engañados toda vuestra infancia.


Realmente, sucedió así.


No hace mucho tiempo, en un pequeño pueblo de Asturias, vivía una niña, Adela, rubia con ojos claros, más conocida como caperucita roja, pues siempre llevaba una bonita capucha roja de seda que le había regalado su abuela. Vivia con su madre y con Bruno, el perro callejero que dormía a la entrada de su casa.


Un día su madre, harta de que caperucita le diera la lata pidiéndole caprichos, le dijo que fuera a hacerle una visita a la abuela millonaria que vivía en un enorme chalet, a las afueras del pueblo, sola. Le dijo que le llevar algo de comida, que fuese a hacerle compañía y así la tendría contenta, y le recordó varias veces que se llevara el bañador, pues tiene una inmensa piscina en el jardín.


Caperucita iba merendando un tierno bocadillo de jamón que le había preparado su madre y yo, rápidamente, me escondí detrás de un árbol.


-Oh, no, caperucita otra vez, esa niña, que siempre me molesta, que era peor que esos cazadores que se pasan la vida persiguiéndome, ¡Menos mal que son tan malos que no acertarían a un elefante a dos metros de distancia!- pensé.


La niña se dirigía hacia casa de su abuelita, que, como dice el cuento, no estaba enferma, pues cada domingo iba a bailar con sus amigas del pueblo y era la primera en apuntarse a los viajes del IMSERSO.


Pero caperucita era muy lista, y me encontró.


-¿Por qué te escondes, lobito bonito? ¿No quieres jugar conmigo? Me dijo ella dulcemente.


.¡No! No caeré más veces, niña, la última vez que jugué contigo, me rompí 4 muelas y 2 colmillos. -Sí la malvada caperucita me regaló un pastel relleno de piedrecitas.


-Hoy te vengo a proponer que hagamos algo distinto. Me han dicho que eres veloz, ¡Pero a mí nadie puede ganarme! Te reto a una carrera hasta el chalé de mi abuelita, quien llegue antes gana, si lego antes jugarás conmigo en la piscina de su jardín, y si llegas tú no te molestaré nunca más.


Era una buena oferta, pensé, no quiero ser prepotente, pero a veloz, no hay quien me gane, ni la creída de caperucita.


-Sí, acepto el reto.


-¡Genial,tú vas por el camino de la izquierda, yo por el de la derecha!.


-¡Pero si el de la izquierda es el más largo! ¿Por qué no vamos los dos por el de la derecha?


-¡Porque no!- y empezó a correr por el camino más corto.


Sin perder tiempo, me puse a correr por el camino de la derecha. Al llegar a casa de su abuela, me encontré a caperucita, sentada en la tumbona del jardín, tomando el sol.


-¡No. Ahora me tendré que bañar con ella!


-Lobito bonito, ven, que jugaremos en la piscina con mi flotador nuevo de la “Hello Kitty!


Qué remedio, un trato era un trato. Ah, por cierto, la abuela no me ofreció nada para comer, mientras que su nieta se estaba hartando de bollos y refrescos.


Me tiré a la piscina de cabeza y entonces vi como caperucita se lanzaba sobre mi, gritando.


-¡Ya eres mío lobito!


Suerte de tres amables cazadores que pasaban por ahí, oyeron mis gritos, y lograron salvarme de las garras de esa niña malvada que me quería ahogar en la piscina y no le di un mordisco porque soy vegetariano, que si no, con el hambre que tenía me hubiera comido hasta a la abuela.


El lobo.


Ana Granados 2º E.S.O. 2010

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El ahorcado